miércoles, 2 de febrero de 2011

¿ QUIENES SON LOS HERMANOS MUSULMANES ?‏

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HISTORIA de Los Hermanos Musulmanes:

Muchos aspectos de la historia de los Hermanos Musulmanes son mal conocidos, como es natural tratándose de un movimiento que tuvo que organizarse y actuar con frecuencia en la clandestinidad, que amenazó en varios ocasiones a los poderes establecidos, tuvo que sufrir persecución por parte de esos poderes, y muchos de cuyos militantes más notorios sufrieron exilio o estuvieron bajo vigilancia policial en sus propios países.

Podemos distinguir varias fases en la agitada historia de este movimiento que aspiró a devolver al Islam toda su fuerza:

1- Una fase de formación (1928-1936) en la que las actividades espirituales y sociales eran dominantes. Tras la fundación de la ÿam‘íat al-ijwân al-muslimîn (Asociación de los Hermanos Musulmanes) en 1928 en la ciudad de Ismâ‘ilía, fueron creadas secciones en las localidades de la zona del Canal de Suez, y después, poco a poco, en todo Egipto, sobre todo a partir de 1933, fecha en la que el fundador, Hásan al-Bannâ -que era maestro de escuela- fue trasladado a El Cairo, a la que transfirió la sede central de la Hermandad.


Activistas de la asociación (llamados du‘ât, convocadores -plural de la palabra dâ‘î- con la que se designa a quienes difunden el Islam), especialmente formados por Hásan al-Bannâ, divulgaron el ideario de los Hermanos (al-ijwân) por las mezquitas y otros lugares públicos.

Fundaron también escuelas de diversos niveles, organizaron cursos de instrucción islámica, alfabetizaron a los iletrados, crearon hospitales y dispensarios, emprendieron proyectos sociales para el desarrollo del nivel de vida en los pueblos y aldeas, construyeron mezquitas, promovieron incluso empresas industriales y comerciales.

2- Una fase de actividad política y expansión (1936-1952). Hásan al-Bannâ, tras la firma del tratado anglo-egipcio de 1936, se propuso sostener la causa de los palestinos contra las intenciones de Gran Bretaña de crear un Estado de Israel, lo que por un lado tuvo como consecuencia la diseminación de su movimiento por todo el Oriente Medio, especialmente en Siria, y, por otro, aumentó considerablemente su prestigio entre sus propios conciudadanos.

Durante la segunda guerra mundial, en 1941, Hásan fue encarcelado durante algún tiempo a causa de su violenta propaganda anti-británica.

Parece que, en esa fecha, los ‘Oficiales Libres’ que tomarían el poder el 23 de julio de 1952, estaban en contacto amistoso con los Hermanos, pero los dos movimientos siguieron siendo independientes el uno del otro.

Se ha acusado a Hásan al-Bannâ de tener organizado, además de grupos deportivos y paramilitares, un ejército secreto, y que la toma del poder por la fuerza no estaba fuera de sus intenciones.


Esperando una ocasión favorable, los Hermanos Musulmanes continuaron sus actividades educativas y sociales y se iban imponiendo cada vez más en la vida política egipcia, pero en el país y no en el Parlamento.

A partir de 1943, tuvieron que contar con la competencia de los comunistas, aliados a la izquierda del partido Wafd, que se esforzaban como ellos en animar políticamente a los estudiantes y al pueblo.

La izquierda egipcia acusaba a los Hermanos Musulmanes de consagrar más energía en luchar contra ella que contra los ingleses.

Los Hermanos Musulmanes proporcionaron voluntarios que lucharon al lado de los ejércitos árabes en la guerra de Palestina en 1948.

En la guerra se destacaron como magníficos combatientes. Tras la derrota árabe, los Hermanos conformaban una fuerza organizada y armada temible para el gobierno egipcio.

El gobierno de an-Nuqrâshî decretó la disolución de su asociación, la confiscación de todos sus bienes y el arresto de numerosos Hermanos.


El 12 de febrero de 1949, Hásan al-Bannâ fue asesinado. No se llevó a cabo ninguna investigación sobre su muerte.

Fue elegido un nuevo guía (múrshid) para el movimiento: Hásan Ismâ‘îl al-Hudaibi, un magistrado, pero parece que su autoridad fue contestada con frecuencia en el seno de la organización.


En 1951, gracias a la ley sobre las asociaciones, los Hermanos pudieron retomar sus actividades.

En principio, toda acción secreta y de preparación militar les estaba prohibida, pero no respetaron esta prohibición.

Tomaron parte en las acciones de hostigamiento dirigidas contra las bases británicas en la zona del Canal de Suez.

3- Los Hermanos Musulmanes bajo el régimen de la Revolución (desde julio de 1952).


El movimiento secreto de los ‘Oficiales Libres’, que tomó el poder en julio de 1952, tenía un programa próximo en varios puntos al de los Hermanos, especialmente sobre las cuestiones sociales; además, un buen número de oficiales que participaron en el movimiento eran miembros o simpatizantes de la Asociación de los Hermanos Musulmanes.

Puede que ello explique que el nuevo régimen, en sus comienzos, buscara el apoyo y la colaboración de los Hermanos; aceptó, cuando todos los partidos políticos fueron disueltos (16 de enero de 1953), considerar a los Hermanos Musulmanes como una asociación no política.


Pero al-Hudaibi exigió, parece ser, un derecho de control y de veto sobre todas las decisiones del gobierno, presentándose como tutor moral de la revolución, lo que le fue denegado.

Pronto, los Hermanos atacaron al nuevo régimen, juzgando su programa y sus primeras realizaciones como insuficientemente conformes al ideal islámico.


En 1953, comenzó una lucha sorda pero áspera; los Hermanos intensificaron su propaganda en el medio estudiantil y en el sindicalismo, y algunos de ellos se infiltraron en el ejército y la policía.

El 13 de enero de 1954, su asociación fue de nuevo disuelta y varios centenares de ellos, entre los que figuraban todos los dirigentes de la Hermandad, fueron detenidos; pero la rivalidad entre el general Muhammad Naÿîb y el coronel Yamâl ‘Abd an-Nâsir (Nasser) jugó en su favor y fueron puestos en libertad al poco tiempo y tuvieron de nuevo el derecho a existir en tanto que organización apolítica.

El tratado anglo-egipcio firmado el 19 de octubre de 1954 fue causa de un nuevo enfrentamiento: los Hermanos juzgaron ese tratado como muy favorable a Gran Bretaña e, incluso, rechazaban el principio mismo de la negociación con los ingleses, queriendo mantenerse firmes en el único principio posible que era la lucha armada contra ellos en tanto que representantes del colonialismo.

El 26 de octubre de 1954, el coronel Yamâl ‘Abd an-Nâsir escapó por poco de un atentado atribuido a un Hermano; el gobierno aprovechó la ocasión para arrestar y juzgar a más de mil miembros de la asociación, y les fueron aplicadas penas muy severas.

Seis Hermanos Musulmanes, entre ellos el abogado y escritor ‘Abd al-Qâdir ‘Ûda, fueron condenados a muerte y ejecutados; el Guía (Murshid) de la asociación, al-Hudaibi, también fue condenado a muerte pero la pena fue conmutada por la de prisión perpetua.

Podía creerse que la Hermandad había sido abatida; algunos de sus miembros, los más moderados, se aliaron al régimen de ‘Abd an-Nâsir.


Pero de hecho, la Hermandad siguió viviendo en la sombra.

En el verano de 1965 se volvió a acusar a los Hermanos Musulmanes de urdir un complot contra el régimen y se llevaron a cabo centenares de arrestos.


La investigación y los procesos duraron un año.

En agosto de 1966, tuvieron lugar tres ejecuciones, entre ellas la de Sáyyid Qutb, un escritor de los Hermanos muy conocido e influyente, sin contar las torturas y las numerosas penas a trabajos forzados y de prisión.

Obligada a la clandestinidad en Egipto, la Asociación de los Hermanos Musulmanes continuó su actividad, surgiendo de su seno diferentes grupos que fueron optando por la moderación o la radicalidad.

4- Los Hermanos Musulmanes fuera de Egipto.

Movimientos similares aparecieron en otros países musulmanes en la misma época, inspirados en el ejemplo de la Hermandad egipcia, pero es difícil saber si estaban ligados a ella de modo orgánico y en qué medida, o si eran independientes.

En Siria, desde 1937, fue fundada una asociación de Hermanos Musulmanes que tuvo una menor extensión y actividad que la asociación egipcia, pero algunos de sus miembros ocuparon en su país funciones políticas oficiales, diputados, ministros, pero sobre todo los Hermanos Musulmanes de Siria ejercieron una influencia moral e intelectual nada desdeñable, bajo la dirección del sháij Mustafà as-Sibâ‘i (muerto en 1965).

Asociaciones menos importantes, y algunas muy poco duraderas, existieron también en Palestina, Jordania, Líbano e Irak.

Algunas de esas asociaciones resurgieron posteriormente y juegan un destacado papel en la política de sus respectivos países, o bien fueron el germen de otros movimientos que, como en el caso egipcio, se orientaron hacia la moderación o el radicalismo.

Hay que añadir, finalmente, que los Hermanos Musulmanes de Egipto gozaron y gozan aún de grandes simpatías en muchos países musulmanes.

LAS IDEAS: Lo esencial del mensaje de los Hermanos Musulmanes puede ser resumido así: el Islam es un todo, un sistema (nizâm) completo, e inigualable debido a su origen, que está en una Revelación.

En tanto que sistema completo y perfecto, está destinado a regular todos los aspectos de la vida humana.

La gran consigna de la Hermandad, enunciada por su fundador, Hásan al-Bannâ, es la siguiente:

“El Islam es una cosmovisión (‘aqîda) y una actividad espiritual (‘ibâda); es patria y nacionalidad; es trascendencia y política; es sabiduría y acción; es Corán y sable”.

El sistema islámico es válido para todos los seres humanos, sea cual sea su momento histórico y su geografía.

La originalidad de las ideas de los Hermanos no está en su formulación, que tiene precedentes en las enseñanzas de Yamâl ad-Dîn al-Afgâni, célebre revivificador del Islam de principios del siglo XX, sino que está en que su fundador ha hecho de esa enseñanza, simplificándola y haciéndola más rígida, la herramienta ideológica de un potente movimiento popular.

Las posturas islámicas de los Hermanos, sobre todo las de Hásan al-Bannâ, muy inspiradas en la escuela de derecho hánbali (al-mádzhab al-hánbali), tienen como ideal la vuelta a la pureza del Islam de las primeras generaciones musulmanas (el Sálaf), si bien se trata de un Islam actualizado con un plan y en términos diferentes justificados por las necesidades de los tiempos.

El musulmán sólo puede conocer a Allah por la descripción que de Él hace el Corán y la Sunna, pero su convicción es iluminada y alimentada por la luz que proyecta en su espíritu y en su corazón el compromiso total de su vida al servicio del Islam.

Con el mismo objetivo de acercamiento a Allah, los Hermanos estaban obligados a ejercicios de espiritualidad fundados en la recitación del Corán con meditación (tadábbur), el estudio asiduo de los hadices y de la historia ejemplar de los comienzos de la comunidad musulmana.

En la línea de las corrientes salafíes, en sus exposiciones de los fundamentos del Islam, los Hermanos manifestaban una gran desconfianza a las formulaciones tradicionales del Kalâm, que es juzgado como demasiado impregnado de espíritu griego, extranjero al Islam original, y cuyas especulaciones son acusadas de haber generado en el pasado y de mantener en nuestros días divisiones y un espíritu sectario que son obstáculo para la unidad indispensable de todos los musulmanes en sus luchas contra el imperialismo.

El compromiso de los Hermanos en el servicio al Islam tiene como primer objetivo la lucha contra la invasión occidental bajo todas sus formas.

Por un lado, se trata de luchar hasta que todos los países musulmanes sean liberados de toda dominación extranjera; y, por otro, en el interior, los Hermanos Musulmanes se proponían islamizar de nuevo la vida egipcia en muchos de sus aspectos que la influencia occidental, juzgada disolvente, había impregnado, lo que iba desde las costumbres sociales tales como la vestimenta, los saludos, el uso de lenguas extranjeras, horarios de trabajo y de alimentación, calendario, entretenimientos, etc., hasta las instituciones escolares, jurídicas, políticas, sin olvidar los dominios de las ideas y de los sentimientos.

Los problemas relativos a la familia y a la condición de la mujer no fueron descuidados; se dio existencia a un movimiento femenino paralelo, las Hermanas Musulmanas (al-ajawât al-muslimât), que desplegó una gran actividad.

Uno de los puntos principales del programa de los Hermanos era la abolición de los códigos egipcios, inspirados en códigos europeos, y la creación de una legislación fundada en la Sharî‘a.

El problema de la evolución del Fiqh estaba, en su opinión, superado, pues una sociedad renovada y que viviera realmente el Islam debía forjar una nueva legislación, basada en los principios derivados de la Revelación, en función de los problemas nuevos e imprevisibles con los que se encontrara (Sayyid Qutb).

Los Hermanos Musulmanes se han esforzado en elaborar toda una doctrina económica y social a partir de nociones coránicas tales como el impuesto previsto por la Ley revelada (el Zakât) y la prohibición de los beneficios del dinero (ribâ, la usura), y, en general, reinterpretando y adaptando a las necesidades modernas los datos relativos a la vida económica y social proporcionados por el Corán, la Sunna y el ejemplo de las primeras comunidades musulmanes (el Sálaf).

Sayyid Qutb y el sirio Mustafà as-Sibâ‘i parecen ser los autores que más han sistematizado estas doctrinas, definiendo un socialismo islámico (ishtirâkía islâmía) que, reuniendo las ventajas del capitalismo y el comunismo, es radicalmente diferente de esos dos regímenes por su naturaleza y sus fines.

La propiedad privada es garantizada como un derecho, pero tiene una función social delegada al individuo por la comunidad, que obtiene los bienes de Allah, único verdadero propietario.

El Estado (dáula), actuando como representante de la comunidad, tiene el derecho y el deber de examinar el origen de la fortuna de los particulares, controlar su uso y garantizar la parte que corresponde a los más necesitados.

Además de estos principios, sobre los cuales deberá ser fundada una legislación y una política sociales verdaderamente musulmanas, son exaltadas las virtudes del desinterés, la cooperación y la fraternidad, que existían en los países musulmanes antes de la irrupción occidental materialista, siendo necesario reeducar en ellas a los musulmanes porque son fines en sí mismas que dan sentido al régimen islámico.

El gran objetivo de los Hermanos es crear un Estado auténticamente musulmán; el ideal, que debe ser alcanzado tras múltiples etapas preparatorias, era restaurar un estado único que juntara a todos los pueblos musulmanes y tendría a su cabeza un califa. Mientras tanto, una multiplicidad de Estados es admisible.

El jefe del estado es elegido por la comunidad y responsable ante ella; la comunidad actúa a través de sus representantes cualificados que ella elige, los ahl ash-shurà, los miembros de la asamblea, que eligen al jefe, controlan sus actos y legislan en colaboración con él.

Todo el que detente una autoridad tiene la obligación de recurrir a la consultación (shurà) de sus colaboradores, y todo ciudadano tiene la obligación de ofrecer a los detentores de autoridad su consejo (nasîha).

El Estado islámico tiene por finalidad, en el interior, velar por la buena observación de las leyes del Islam, y, en el exterior, apoyar al Islam en otras naciones, y luchar constantemente en favor de los intereses de los musulmanes ahí donde estén, y por la justicia y el bien común de la humanidad (al-amr bil-ma‘rûf wa n-náhi ‘áni l-múnkar).

Las ideas de los Hermanos Musulmanes han conocido y conocen aún una difusión considerable, incluso cuando la Asociación ha vivido momentos de clandestinidad.

Esas ideas ejercen hoy una gran influencia sobre la literatura musulmana de divulgación, sobre todo en lengua árabe.

BIOGRAFÍA DE HÁSAN AL-BANNÂ

Hásan al-Bannâ, fundador y director general (Murshid) de los Hermanos Musulmanes (al´-ijwân al-muslimûn), nació en 1906, hijo de un relojero egipcio que añadía al ejercicio de su profesión el estudio asiduo de las ciencias islámicas tradicionales y fue el editor del Músnad del Imâm Ibn Hánbal.

La influencia paterna tuvo una gran importancia en la formación y en la juventud de Hásan al-Bannâ, y su primera educación fue de corte tradicional: estudio y memorización del Corán, el Hadiz, el Fiqh y la lengua árabe.

Junto a su educación islámica, estuvo poseído por una inclinación espiritual innata, pues, desde su adolescencia, se sintió atraído por el sufismo (tasáwwuf) y recibió la iniciación en el Método (Tarîqa) Hasâfía a la edad de catorce años.

Tras un periodo pasado en la escuela normal primaria de Damanhûr, entró en el Dâr al-‘Ulûm (la Casa de las Ciencias) de El Cairo y frecuentó al mismo tiempo una escuela normal privada.

En Damanhûr ya reveló su precoz capacidad de organización y su gusto por el activismo fundando la Asociación Benéfica Hasâfí (al-ÿam‘ía al-hasâfía al-jairía).

En el Dâr al-‘Ulûm desarrolló su tesis de que los males de la sociedad islámica podían ser sanados por un retorno a las fuentes regeneradoras del Corán, el Hadiz y la Sîra (la biografía del Profeta).

Con un grupo de condiscípulos, comenzó a divulgar el Islam revivificado por las mezquitas y lugares de reunión de El Cairo.

En 1927, cuando hubo acabado sus estudios, fue nombrado maestro público en la ciudad de Ismâ‘îlía, y al año siguiente fundó la Asociación de los al-Ijwân al-Muslimûn.

Permaneció en Ismâ‘îlía hasta 1933, divulgando sus enseñanzas, pronunciando conferencias, redactando panfletos y perfeccionando la organización interna de su movimiento sobre la base de células.

Durante ese periodo, viajó infatigablemente por la zona del Canal, gracias a lo cual se multiplicaron las ramificaciones de la Asociación entre Port-Said y Suez.

Coincidiendo con un traslado de su puesto de enseñanza a El Cairo, Hásan al-Bannâ entró en un periodo de intensa actividad, y el movimiento ganó rápidamente terreno en todo Egipto.

Tras 1936, fecha en la que comenzó su apoyo activo a la causa Palestina, accedió a la arena política, hostigando a los primeros ministros sucesivos con continuas llamadas a la acción y a las reformas.

Durante la segunda guerra mundial, la actitud del gobierno al respecto de Hásan al-Bannâ fue progresivamente endureciéndose.

Bajo los gobiernos de Sirri Pasha y an-Nuqrâshi, fue arrestado durante breves periodos, y la actividad de la Hermandad fue disminuida.

Durante el periodo que siguió inmediatamente a la guerra, la tensión entre los Ijwân y el gobierno se acrecentó y alcanzó su momento culminante con su ilegalización como consecuencia de la muerte de an-Nuqrâshi en diciembre de 1948.

Algunos meses más tarde, en febrero de 1949, Hásan al-Bannâ fue asesinado, presumiblemente por agentes del Estado, lo que le valió entre los Hermanos Musulmanes el título de Shahîd (Mártir).

Para muchos de sus seguidores, él fue el Muÿáddid, el Renovador del Islam, el que le devuelve su fuerza, del siglo XIV de la hégira.


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